jueves, 4 de enero de 2007

Volando al país de Nunca Jamás

Peter y Wendy son los hijos de Lucy y Alfredo, un matrimonio ecuatoriano que, tras varios años de trabajo en España y algún golpe de suerte, había planeado volver a Guayaquil para pasar las fiestas navideñas junto al resto de su familia. Ahora son una pareja de niños cansados, algo sucios, y no entienden nada de lo que ven y de lo que les rodea. Acompañan a sus padres intentado guardar su turno en una larga cola frente a un mostrador del Aeropuerto de Madrid Barajas. Todos ponen en práctica técnicas espontáneas de autodefensa y actos de solidaridad inusuales más propios de la huida hacia un campo de refugiados que de los trámites -casi burocráticos- previos a un vuelo transoceánico en el Siglo XXI. Cuando Alfredo reservó sus pasajes a Ecuador por internet, en el locutorio que suele frecuentar en el madrileño barrio de Prosperidad, un compatriota le avisó de que acudiera bien pertrechado al aeropuerto, ya que la espera sería larga. Pero nadie le dijo que Air Madrid estaba desde hace meses en el punto de mira de la Administración, que la investigación sobre la bisoña línea aérea estaba llegando a su clímax y que sus consecuencias le dejarían en tierra, hasta que los gestores de la Aviación Civil en España estuvieran en condiciones de fletar otro avión para conducirle a su destino.

Ayer viernes, la compañía Air Madrid comunicó, en rueda de prensa y por medio de su abogado (los directivos-propietarios prefieren no aparecer), que había decidido “suspender su actividad a partir de hoy como consecuencia de las medidas adoptadas por Fomento”. Además, el comunicado informaba de que “la empresa dará instrucciones a su departamento jurídico a los efectos de que inicie todas cuantas acciones de naturaleza penal, civil y administrativas sean procedentes”. Pero… ¿qué hay de los afectados? ¿Podrán volar nuestros Peter y nuestras Wendy, nuestros muchos y muchas Alfredo y Lucy? Porque no olvidemos que entre los principales destinos –y orígenes- de Air Madrid estaban Bogotá y Cartagena de Indias (Colombia), Fortaleza (Brasil), Quito y Guayaquil (Ecuador), Lima (Perú) o Bucarest (Rumania). ¿Recuperarán su dinero o caerán en el olvido de algún expediente ministerial?

La aerolínea clausurada ayer nació en diciembre de 2003 y su primer vuelo despegó en mayo de 2004. Su fundador y Presidente, Herminio Gil, conservó un 20 % de la empresa hasta el pasado 16 de junio, cuando vendió su participación (cifrada en 2,4 millones de euros) a Optursa Management, grupo inmobiliario que engloba tanto a la compañía aérea como a un reducido grupo de hoteles y agencias de viajes. Tras este cambio José Luis Carrillo, presidente de Optursa, pasó a presidir también esta línea aérea.

Nacida al socaire de la privatización de Iberia y de la liberalización del sector aéreo, Air Madrid (para muchos “Air Emigración”) pretendió ser la versión moderna de aquellos taxis y autobuses de Manuel Hidalgo que en los sesenta y setenta devolvían a los emigrantes españoles en Europa a nuestra depauperada España. Pero no se construye en dos días, con créditos bancarios y a modo de bricolaje, lo que Hidalgo creó con tiempo y tesón y que hoy es Viajes Halcón y Air Europa (además de algunos pepecares y sus varias secuelas –hoy llamadas spin-off-). Porque no se puede jugar con los ahorros de los trabajadores y de los emigrantes (ansiosos de vacaciones o de viajes postnupciales unos, obligados a viajar otros), tapando el agujero de hoy con los ingresos de ayer, copiando deprisa y corriendo algunos modelos de éxito sin sus bases teóricas y prácticas y enfrentándose –o retando- a los que iniciaron sus aspiraciones de gobierno con la expropiación de Rumasa y emularon ésta con los cierres cautelares de Afinsa y Forum Filatélico.

El río revuelto del cierre de Air Madrid también tiene, como siempre, sus pescadores. Hoy se llaman Pullmantur y Air Europa, que ya han contratado con Fomento sus aviones para transportar a parte de los embarrancados viajeros de la defenestrada compañía. Y tiene también sus oportunistas. Spanair, la compañía hispano-sueca, ha colocado hábilmente, muy hábilmente, anuncios en Google con la llamada “Alternativas a Air Madrid”.

Peter, Wendy y sus padres no saben qué es Optursa, quiénes son Herminio Gil o José Luis Carrillo. Desconocen que existe un Ministerio de Fomento y una Dirección General de Aviación Civil. Y, es más, no les importan nada sus desconocimientos. Sólo quieren viajar y llegar a su destino. Porque ahora están volando al país de Nunca Jamás.

(Por la foto © 2006 AFP)

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